Así se sentía Ana, una mujer que tenía un esposo que la amaba mucho, pero no tenía hijos, (1a. Samuel 1), ella lloraba, no comía; cada año iba a Silo a la casa de Dios a ofrecer sacrificios, considero que Ana estaba muy enfocada en su necesidad de ser madre, imaginando lo satisfactorio de la maternidad y cada año hacía lo mismo y no pasaba nada, seguía frustrada, hasta que un día se decidió a dar un paso más allá, cambio su forma de orar, se atrevió a pasar un tiempo de intimidad con Dios (solo ella y Dios), y ahí lloró desconsoladamente, y enseguida tuvo una nueva revelación de Dios, de como pedir, ¡cambió su forma de orar!:
1.- "Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya y, si en vez de olvidarme, te acuerdas de mi...." (1a. Samuel 1:11a) ella pidió gracia (recibir lo que no se merece), en su dolor y desesperación tocó el corazón de Dios y en su toque la gracia se derramo.
2.- "...y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida..." (1a. Samuel 1:11b), ella entregó su deseo a Dios, pidió conforme al propósito de Dios, ya no pidió un hijo porque se sentía sola o desdichada, o para que ya no fuera señalada estéril. Ana entregó su necesidad para los propósitos de Dios.
Samuel (pedido a Dios), el hijo de Ana, no fue tan solo la respuesta a la necesidad de una mujer, sino que se convirtió en una pieza clave dentro del pueblo de Israel, además "El Señor bendijo a Ana, de manera que ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas..." (1a. Samuel 2:21).
Su aflicción la obligó a mirar a Dios y como resultado su hijo Samuel sirvió en el tabernáculo. La historia de Ana demuestra que del dolor amargo puede brotar una gran promesa, si ese dolor lo lleva uno a Dios.
Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espiritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cual es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito." (Romanos 8:25-28) (NVI)
